El eufemismo en la comunicación. Decrecimiento.
Estaba leyendo el artículo de Luis González Reyes sobre el decrecimiento y la comunicación del término y me ha venido a la cabeza una reflexión contundente.
Primero veamos que nos dice Luis, recogiendo los párrafos más significativos desde mi punto de vista.
“Finalmente, el debate comunicativo creo que está sobredimensionado en las izquierdas desde hace tiempo. Dirigimos una parte considerable de nuestra acción a comunicar más y mejor. Es más, nuestra acción política en muchos casos gira casi en exclusiva alrededor de la comunicación. Sin restarle importancia, pues las formas de dialogar con el resto de la sociedad tienen desde luego relevancia en los procesos de transformación, este tipo de esfuerzos comunicativos hipertrofiados terminan restando recursos a otros que creo que ahora son absolutamente centrales, como la construcción de modos de vida concretos decrecentistas, de alternativas al capitalismo que satisfagan necesidades.”
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“Dicho esto, entro en el debate comunicativo. Lo primero que es necesario constatar es que no es nuevo que se plantee la inconveniencia de usar el término. La enmienda existe desde el momento en que el movimiento decrecentista empezó a cobrar forma por estos lares a principios de siglo. Pero no solo no es novedoso el debate, sino que los argumentos tampoco lo son. Durante estas décadas se viene repitiendo que el término se percibe como algo negativo por la sociedad, que no se entiende y que confunde una propuesta política (Decrecimiento) con el resultado de sobrepasar los límites ecológicos del planeta (decrecimiento).”
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“Cuando se plantea que no se entiende el término se suele argumentar que en una sociedad decrecentista habría actividades (por ejemplo, los cuidados) y territorios (por ejemplo, los más empobrecidos) que tendrían que crecer. Es cierto, un lema no puede recoger todos los elementos de una propuesta política. Pero esto le pasa a todos. Por ejemplo, cuando abogamos por el comunitarismo no planteamos que no exista nada de propiedad privada (por ejemplo, de cepillos de dientes), sino que apuntamos a un elemento estructurante de la sociedad: la vida en comunidad. Lo mismo se podría aplicar al Decrecimiento. Desde luego que no todo tiene que decrecer, pero en términos netos el metabolismo social medido como el consumo de materia y energía lo tiene que hacer (y mucho). Es ahí donde se pone el foco.
Es cierto que ese foco no visibiliza otros elementos centrales de la propuesta, como la redistribución, la construcción de autonomía, la apuesta por materiales y energías realmente renovables, la economía circular o la agrarización agroecológica social, todo ello dentro del marco del feminismo, el pacifismo, el internacionalismo, el sindicalismo, la decolonialidad o el ecologismo.”
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“No voy a argumentar sobre las propuestas, pues el objetivo de este texto era otro, pero cierro con tres aspectos clave que considero que cualquier posicionamiento hoy debe contemplar: 1) la gravedad de la crisis ecosocial es extremadamente alta, 2) sus causas son sistémicas y 3) no queda margen de maniobra, pues los puntos de no retorno climáticos y ecosistémicos los estamos atravesando ya o estamos a punto de hacerlo. Desde mi punto de vista, el Decrecimiento aborda bien los tres aspectos.”
Con esto concluye el artículo, donde se discute la dificultad de explicar el decrecimiento, sin entrar en las propuestas en este caso.
Luis es certero cuando dice que el decrecimiento va a venir por las buenas o por las malas y mejor empezar a pensar en soluciones antes que nos rebase. La comunicación ya es una traba importante, pero el corazón de la propuesta debería centrarse en las medidas que la sociedad necesita ejecutar para adaptarse lo antes posible, antes de que seamos atropellados por la inevitabilidad de la tendencia, una vez sobrepasada la capacidad de carga de la Tierra.
En realidad, la sociedad está dividida.
El decrecimiento es defendido desde sectores de la izquierda (particularmente la ecosocialista, ecologista y anticapitalista) principalmente como una respuesta necesaria a la crisis ecológica y como una forma de redistribuir la riqueza, argumentando que el crecimiento económico infinito es incompatible con un planeta de recursos finitos.
Los principales motivos que se aportan son:
Límites biofísicos del planeta: Desde la izquierda se sostiene que el capitalismo, basado en la acumulación y el crecimiento constante del PIB, ha sobrepasado la capacidad de carga de la Tierra. Argumentan que no se puede tener un crecimiento infinito en un planeta finito.
Justicia social y redistribución: El decrecimiento no busca simplemente un “crecimiento negativo”, sino una reducción planificada y democrática del consumo energético y material en los países ricos. El objetivo es liberar recursos y reducir la presión ecológica para redistribuir la riqueza y mejorar el bienestar social, en lugar de priorizar el beneficio corporativo.
Crítica al Capitalismo (Ecosocialismo): Muchos decrecentistas argumentan que el problema raíz es el “productivismo” inherente al sistema capitalista. Defienden que, para solucionar la crisis ecológica, se debe cambiar el modelo económico hacia uno basado en el “ser” y no en el “tener”, fomentando la solidaridad y la autogestión.
Reducción del impacto ambiental: Se defiende la necesidad de achicar sectores destructivos de la economía (fósiles, militar, publicidad) y potenciar sectores sociales (cuidado, educación, energía renovable).
No es empobrecimiento, sino “abundancia radical”: Desde esta perspectiva, se argumenta que el decrecimiento busca mejorar la calidad de vida y el bienestar humano mediante el consumo de calidad, más tiempo libre y menos trabajo alienante, no a través de una recesión forzosa.
Naturalmente, la sociedad occidental está en las antípodas de estas consideraciones.
Se niega todo, desde los límites planetarios en cuanto a recursos, hasta resaltar el descreimiento de la izquierda para con la innovación tecnológica de la sociedad capitalista, como solución a todos los problemas. Además Trump ni siquiera reconoce daños medioambientales, por ejemplo.
Mi crítica se dirige tanto a unos como a otros.
Los segundos porque son incapaces de ver los evidentes límites planetarios (olvidan que la tecnología no es inmaterial, por ejemplo) y los primeros porque utilizan un eufemismo cuando hablan de decrecimiento.
La palabra concreta que se debería utilizar es colapso.
Un sistema centenario no se puede cambiar por una decisión política, que en cualquier caso requeriría una unanimidad imposible de conseguir.
No vamos a tener un consenso universal en el Decrecimiento con mayúsculas, usando la terminología del artículo de Luis. Puede que algunos sectores dentro de algunos países llegaran a un acuerdo, pero extrapolar esos pequeños acuerdos a la globalidad del Norte (como dice Luis) es sencillamente inalcanzable.
Y el decrecimiento con minúsculas está a punto de “aterrizar”, por lo que ya vamos muy tarde para adoptar una solución indolora.
En 2005, el informe Hirsch ya dejó meridianamente claro que se necesitan al menos veinte años de preparativos para eludir el problema ocasionado por el pico del petróleo. Pero desde entonces, las cosas no han hecho sino empeorar y ahora tenemos muy cerca el pico de otras materias primas tan importantes como el cobre o la plata, sin olvidar el agua potable o cientos de pequeños elementos que ya empiezan a escasear, no porque se agoten, sino porque hemos crecido tanto, que ya no es posible extraer materiales baratos para la vida moderna, por no mencionar las cuestiones geográficas y geopolíticas de muchos de ellos.
Hay que decirlo de forma clara, no hay soluciones milagrosas hagamos lo que hagamos, porque el exceso de la capacidad de carga no es una cantidad pequeña fácil de superar, sino que probablemente, hemos excedido nuestros límites en órdenes de magnitud, no en pequeños porcentajes.
Otro problema es el sistema tan complejo que hemos adquirido con el paso del tiempo. Romper las cadenas de suministro volviendo a una autarquía defensiva, no solo no resuelve nada, sino que evidencia la necesidad de coordinación entre los diferentes niveles de estructura en la construcción de todo tipo de aparatos. No solo dependemos de fábricas especializadas en los cinco continentes, sino que además la escasez de una sola de las piezas fabricada con condiciones excepcionales, en algún lugar remoto de la Tierra, hace detener la cadena de montaje de muchos elementos vitales. Este problema no se resuelve decreciendo voluntariamente. Y si la solución es la simplicidad, pronto nos daríamos cuenta que nuestro nivel de vida retorna al siglo XIX, antes incluso de agotar los combustibles fósiles, por no mencionar el probable hundimiento poblacional requerido para ello.
Por otro lado, pequeños grupos se pueden asociar y vivir en un entorno rural en sintonía con la naturaleza y consumiendo pequeñas cantidades de recursos, pero las grandes urbes de 10-20-30 millones de habitantes, no tienen ninguna oportunidad de sobrevivir en la ciudad, con una fuerte reducción del consumo.
No sé si alguien ha reflexionado que si algunos de los principales gobiernos comprenden la situación, en lugar de adoptar austeridad, redistribución y racionamiento, van a luchar (¿mejor guerrear?) por los menguantes recursos, sin importar ni los países afectados, ni las cuestiones medioambientales y eso incluye tanto a países occidentales como a países comunistas.
Estamos viendo como el derecho internacional ha saltado por los aires, como el rearme mundial es el objetivo número uno, muy por delante de las políticas verdes y como se intervienen países sin ningún miramiento, para ahora empezar el debate de las ideas en torno a lo que es mejor hacer para “evitar” una notable pérdida en la calidad de vida occidental. Vamos cincuenta años tarde, no veinte.
¿Qué hacer?
Desde luego lo primero es establecer un diagnóstico universalmente aceptado, antes de intentar proponer ninguna solución. La gente debe ser consciente de la verdadera situación y solo este tema excede la capacidad de los comunicadores y la intención de los dirigentes políticos de trasladar a la opinión pública algo tan desagradable como la inminencia de un colapso inexorable.
Si no conseguimos pasar de este primer punto (y desde luego no lo hemos hecho), mal podemos plantear ninguna propuesta. Si los “votantes” (a alguno le gusta el término peyorativo “votontos”, puesto que no hay tampoco ningún interés extendido en conocer temas fundamentales y se vota desde las “entrañas” no desde el raciocinio) nunca están cerca de conocer el “problema”, ¿quién va a proponer medidas para disminuir los efectos negativos de ese posible colapso?
Es imposible y por eso, la única solución extendida entre la clase política ha sido la ganancia temporal mediante la emisión de deuda que cubra todos los agujeros. Introducir la economía “Matrix”, donde todo parece ir bien, es mucho mejor que advertir que viene un asteroide “terminator” directo hacia nosotros, aunque no sepamos cuanto tiempo tardará en alcanzar la Tierra. Al menos , la rana (el público) no siente que esté hirviendo durante mucho tiempo y cuando sienta algo, ya será demasiado tarde.
En resumen, esa famosa frase “no tendrás nada y serás feliz” que están experimentando en Cuba, pronto se convertirá en “la canción del verano”, cuando el meteorito de la película “Don't look up” nos impacte de lleno.
Siento ser tan desagradable y desde luego espero cometer el mayor error de la historia, al defender una posición tan negativa.


Post para divagar, muy bien.
A ver, como físico bien sabes que a preguntas como ¿Por qué no se puede pasar de la velocidad de la luz?¿Por qué los electrones tienen carga negativa y los protones positiva? no cabe otra respuesta que la de "porque el universo es así".
Análogamente, veo muy difícil hacer una transición de una sociedad compleja e insostenible a largo plazo como la nuestra a otra más estable y con un requerimiento menor de energía sin pasar por un ineludible colapso. ¿Por qué? pues porque "la psicología humana es así". No tengo ni idea del porqué, pero los 40 experimentos (numero arriba, número abajo) anteriores del ser humano han terminado igual, luego algún defecto psíquico traemos de serie los seres humanos para que colectivamente, "no nos queramos bajar del burro", y no se empieza otro tipo de sociedad hasta que la antigua ha quedado arrasada, enterrada, y compostada.
Por eso aunque las iniciativas de decrecimiento, ecologismo, permacultura etc. parecen ir en la buena dirección, y parece que siempre es mejor hacer algo que quedarse quieto, no sé hasta qué punto son una pérdida de tiempo. La experiencia indica que la nueva sociedad no puede nacer hasta que la antigua haya muerto del todo.
Siento ser pesimista, pero a todos los habitantes que estamos en el planeta, nos queda por delante una transición muy dura. No creo que ninguno de los que estamos ahora veamos el final de ésta y el nacimiento de la nueva sociedad.
Me parece impecable tu razonamiento.
A Luis González Reyes hace tiempo que dejé de seguirlo, me parece una persona con muy buenas intenciones, muy documentado, pero demasiado idealista y utópico. Siempre utiliza muy buenas palabras, pero todas las propuestas que hace me parecen irrealizables en un mundo en el que no somos capaces de entendernos ni con nuestros vecinos más próximos.
A mí también me gustaría que hubiésemos elegido decrecer libre y voluntariamente, pero tendríamos que haberlo hecho en 1972, cuando se nos pidió que lo hiciéramos y se nos advirtió de las consecuencias que acarrearía el no hacerlo, y aún así dudo que hubiésemos llegado a tiempo.
Ojalá estés equivocado, pero me temo que das en el clavo.