El apocalipsis.
No veo miedo, no veo ningún temor, nadie toma precauciones, ni se prepara para un futuro desabastecimiento. En USA, las bolsas ni siquiera caen, ante el mayor desastre visto en cincuenta años (es cierto que para tener influencia, necesita el paso de los días). Es absolutamente imposible que unos mercados libres no coticen la incertidumbre. Los mercados toman medidas drásticas cuando no saben como evolucionará el futuro y cuando aparecen las dudas, se desploman. No es un comportamiento racional, primero se vende y luego ya veremos. Esta vez, no ha sido así, y todos podemos suponer que el equipo de protección ordenó tranquilidad, para que el primer día de cotización, las bolsas no se hundieran.
Pero el estrecho de Ormuz sigue “cerrado”. Nadie se atreve a cruzarlo, los seguros de los fletes se han disparado y varios barcos han sido atacados.
La importancia de mantener esa arteria abierta es tal, que en un solo mes podemos asistir a un auténtico colapso. Pero eso no es lo peor, si las instalaciones petroleras-gaseras son atacadas y sufren daños considerables, dará igual si reabren el estrecho, con lo que el peligro continuará latente mientras se mantenga el conflicto.
El problema es que los mercados no pueden caer. Sí, como lo oyen.
Han diseñado un sistema fantasmagórico donde la confianza es lo único que mantiene en pie la economía mundial. No solo no tenemos fuerza para crecer, es que necesitamos una expansión monetaria nunca vista , solo para permanecer estables. Las deudas hace tiempo que son impagables, pero ahora entramos en otra fase donde los intereses también pueden entrar en esa categoría y precisamos de una inyección continua para mantener viva la ficción del crecimiento y fortalecer una confianza que ya no es tan alta. El oro marca máximos históricos casi todos los días y no es la cotización en dólares la referencia, sino la continua devaluación de las monedas fiduciarias, cuya dilución por exceso de emisión de deuda, pone contra las cuerdas el sistema al completo.
Si las bolsas se hunden, la confianza se va por la barranquilla y caeremos con una piedra en un acantilado. Y si la solución para detener este descenso es una nueva ronde de inyecciones monetarias vía Bancos Centrales, causarán una inflación mundial nunca vista al mismo tiempo. Es un juego de perder-perder, al que se llega cuando el camino emprendido termina abruptamente.
Lo que va a ocurrir es algo sistémico. Es decir, da lo mismo cual sea el detonante, el sistema ya estaba herido de muerte y podía ser un acontecimiento u otro el que desbordara los límites.
La administración USA preparó un ambicioso plan para hacerse con el dominio del petróleo mundial. Con el éxito de Venezuela, parecía que Irán era pan comido y tras descabezar la cúpula, se produciría un cambio en la ejecutiva que aceptaría sin dudar el control estadounidense del petróleo. Con esta acción, Oriente Medio quedaba en manos de EE.UU. y esa supremacía le permitiría sobrevivir la siguiente década cuando el shale oil empezará a decaer con fuerza. Y no solo eso, sino que además le permitiría manejar la política mundial mientras colocaba el dólar de nuevo en la cima.
El resto del mundo dependería de la voluntad estadounidense. Todos seríamos vasallos de la potencia mundial y China, sin petróleo-gas, tendría que obedecer, reconociendo de nuevo la hegemonía norteamericana.
Han pasado cuatro días desde el comienzo de los ataques y la esperada renuncia de los dirigentes que no han fallecido, no se ha producido. Comienzan los primeros reveses, las primeras bajas y ahora es muy importante terminar el conflicto inmediatamente. La primera semana se puede pasar de cualquier forma, pero si la guerra se prolonga , el daño será irreparable.
El orden mundial ya ha saltado por los aires y ahora es imposible condenar a Rusia por la invasión de Ucrania, ni defenestrar a China si mañana decide anexionar Taiwán. Solo quedan vestigios de un derecho internacional que ha sido borrado del mapa para dar paso a la ley del más fuerte.
Hay que comprender bien la nueva situación.
Europa se encuentra sola, no tiene ni voz ni voto y depende de los recursos ajenos para el suministro de casi todo. El mundo se ha dividido entre quienes tienen los recursos y quienes aspiran a conseguirlos por la fuerza. Los intercambios comerciales solo serán posible entre bloques amigos y las cadenas de suministro acaban de saltar por los aires, lo mismo que la complejidad del sistema. Necesitamos los cinco continentes para suministrar los productos terminados y si esta red se rompe, perdemos la capacidad de mantener el status de potencias avanzadas. Todo se simplifica, solo que cuando se alcanza el cenit de una civilización, la ruptura de los intercambios comerciales implica un descenso tipo acantilado Séneca en el crecimiento económico. No un frenazo, una contracción automática que nos envía a los infiernos, porque de repente nada funciona.
Una vez el detonante ha hecho efecto, no hay vuelta atrás. El retorno a la autarquía no es algo premeditado, es una consecuencia de la desaparición de las cadenas de suministro, solo que ninguna nación es autosuficiente. Las implicaciones de esta ruptura son incalculables porque las retroalimentaciones impiden conocer el final del proceso.
No ha sido casualidad el comienzo de la era de los guerreros. En un entorno generado con un buen crecimiento económico, con abundancia de recursos, los intercambios proliferan, las deudas disminuyen y la calidad de vida aumenta sin cesar y sin causar inestabilidad. Cuando vamos al límite, utilizamos el exceso de deuda para tapar la imposibilidad de crecimiento natural. Y cuando los recursos se agotan comienzan las guerras. Es algo consustancial a la naturaleza humana, si no existiera Trump, sería otro el causante, porque nadie quiere conformarse con un decrecimiento, si puede apoderarse de los recursos ajenos por la fuerza (sí , no pensemos solo en las guerras militares, las sanciones comerciales y la imposición de aranceles sin negociación, son otras formas de lo mismo).
Bueno, ya he desgranado lo que nos ha llevado a esta situación irreversible. Somos el coyote corriendo en el vacío y por lo tanto, empezamos a mirar hacia abajo para darnos cuenta que el suelo está mucho más profundo de lo que imaginábamos.
La consecución de numerosas burbujas tras la expansión monetaria sostenida durante décadas, nos ha colocado en una situación deplorable. El colapso sistémico equivale al apocalipsis, porque nadie se espera lo que puede venir a partir de ahora. Pueden volver a intentar frenar el descenso, con más expansiones monetarias, pero solo conseguirán una hiperinflación mundial letal para el sistema fiduciario. Y puesto que este sistema solo esta diseñado para crecer de forma infinita, el agotamiento del sistema es un golpe de tal calibre que supondrá una revolución en el mal sentido.
Podía haber sido este año o quizás unos años más tarde, pero la impaciencia ha obrado el “milagro”. Ya no saldremos bien, sea cual sea el resultado de la intervención en Irán. Pero recuerden que solo ha sido la espoleta que causa la explosión de la bomba.
Ahora nos queda averiguar cuantos intentos por retrasar lo inevitable conseguimos soportar, antes de la caída definitiva.
Solo una opinión.


El gas europeo TTF con casi un 100% de subida en solo dos días. Los inventarios están en el mínimo estacional y todo el mundo debe comprar gas, justo cuando Qatar cierra.
https://www.ice.com/products/27996665/Dutch-TTF-Natural-Gas-Futures/data?marketId=6164787
Supongo que ya lo sabéis, pero los fertilizantes también pasan por el estrecho de Ormuz.
https://archive.md/xbMkl
Tres de los diez mayores exportadores de amoníaco del mundo y uno de cada cinco importantes proveedores de fosfatos necesitan el Estrecho de Ormuz para sacar el producto, según StoneX.
Incluso si los suministros continúan fluyendo por el estrecho, el costo del seguro de flete podría volverse económicamente inviable, escribió Ben Isaacson, analista de Scotiabank, en una nota. Irán controla entre el 10 % y el 12 % del comercio mundial de urea, mientras que la declaración del estado de emergencia por parte de Israel podría interrumpir los suministros de gas a Egipto y, por lo tanto, la producción de fertilizantes, añadió.
Los suministros de urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado, ya eran escasos antes de que comenzara el último conflicto durante el fin de semana.
Alrededor del 45% de las exportaciones mundiales de urea provienen de instalaciones del Golfo Pérsico, y si la interrupción de los envíos se prolonga, presionará fuertemente los precios al alza, según Alexis Maxwell, analista de Bloomberg Intelligence.